"- Ven a jugar conmigo - le propuso el principito
- Estoy tan triste.
- No puedo jugar contigo - dijo el zorro. - No estoy domesticado (...)"

El Principito, Capítulo 21


Envuelto en un valor supremo, y no
sin miedo, el zorro expuso al Principito
eso que a tantos nos faltó
por concretar: un plan. Usando el rito
como arma de la unión, domesticó
el niño al animal. El viejo mito,
por ambos alcanzado, me inspiró
nuevos sueños. Es cierto que es bonito
el cuento de amistad, que su sincera
herencia nos inunda de alegría;
pero no es menos cierto que nos resta
poco, si actuamos con amor, quisiera
pensar, para pasar de nuestra fría
soledad a una compartida apuesta.

(a la amistad, sea lo que sea lo que necesitemos para alcanzarla)