Ayer viernes nuestra seo,
mientras yo procesionaba,
un rapero conquistaba...
¡es verdad!, ¡no es cachondeo!

Paso aquí sin más rodeo
a explicar los pormenores,
presentando a los actores
que entraban en este encuadre.

El primero era mi padre,
nuestro arcipreste moderno.
Desprovisto del cuaderno
que le fuera prometido
se encontró comprometido
sin chuleta de oraciones,
y aún sin tener condiciones
con su mejor predicar
pudo la cosa salvar
sin entrar en la herejía.
Le sirvió la teología
que aprendiera en tiempos mozos,
aportando los esbozos
de su plática de urgencia.

Segundo en comparecencia
en la Iglesia Catedral
fue esta astilla principal,
de rama no tengo apresto,
que aquí encarno yo en modesto.

Vestido de penitente,
avistaba a aquel valiente,
quien con mirada perdida
afrontaba su corrida
con cierta veteranía.
Su estampa, me parecía,
superaba a un buen torero
y era propia de un rapero
que de rimas prescindía.

(un abrazo nazareno)